Hay espacios donde la historia se respira en cada rincón, y el Museo Marítimo de Barcelona es, sin duda, uno de ellos. Recientemente, tuvimos el honor de participar en una cena corporativa cuya escenografía principal era sencillamente imponente: la réplica a escala 1:1 de la Galera Real. Esta majestuosa nave, construida originalmente en estas mismas atarazanas, fue el buque insignia que lideró la Batalla de Lepanto, y su imponente presencia dorada marcó el punto de partida para nuestra propuesta decorativa.



Diseñar en un entorno con tanto peso histórico requiere un equilibrio delicado entre el respeto al pasado y la sofisticación contemporánea. Para no competir con el brillo de la galera, decidimos crear un paisaje marino onírico en tonos crudos y blancos, buscando evocar la luz del Mediterráneo y la pureza de la espuma del mar. La mesa se convirtió en un recorrido táctil por el fondo del océano, donde las esculturas de nácar y los delicados arreglos botánicos se entrelazaban con elementos naturales como arena fina, caracolas y diversos tipos de moluscos.




La textura fue la gran protagonista de la noche. Utilizamos cuerdas blancas brillantes que, además de rendir homenaje a la tradición náutica de las Drassanes, ayudaban a reflejar la iluminación ambiental de la sala. El minimalismo cromático de la base permitió que los acentos estratégicos cobraran vida propia: la profundidad de las copas azules y la energía del coral rojo aportaron los puntos de color necesarios para romper la neutralidad y añadir una capa de vitalidad al diseño lineal de la mesa.




Dada la naturaleza histórica del edificio, la calidez de la luz se gestionó mediante velas LED, que recrearon una atmósfera íntima y segura sin poner en riesgo el patrimonio que nos rodeaba. Fue un privilegio colaborar con Terra Events en la organización, el catering de Sibaris y el material de Tot Hosteleria para dar vida a este evento que unió, por una noche, la gloria naval del siglo XVI con la elegancia del diseño floral actual.



